18:16 h. Miércoles, 23 de Mayo de 2018

Política

Pepín y Agripino no son culpables de participar en el mismo ya que son beneficiarios de los resultados finales que la participación del estado de cosas permite y no solamente sucede con este gobierno, con cualquiera que le suceda seguirá igual.

PEPIN Y AGRIPINO NO TIENEN LA CULPA…

Desde hace JUAN CARLOS PICHARDOmucho tiempo, dentro de la práctica política y empresarial se ha fomentado un juego que el que no está dispuesto a participar se queda solo y arrinconado, (Verbigracia).
Tal es el caso del informe presentado en el día de hoy por la comisión designada por el poder ejecutivo para investigar el precio de licitación de la planta que se construye en la zona costera de la ciudad de Baní.

A que nos referimos? Punta Catalina es un proyecto que se viene gestando desde la pasada administración política del país (2011) y le tocó a Danilo Medina poder darle continuidad al plan esbozado tanto por el gran monumento a la corrupción que es la CDEEE así como por la constructora por excelencia desde el 2001 como lo es Odebrecht.

Por: Juan C. Pichardo.  |  02 de Julio de 2017 (00:00 h.)
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Es por ello que he repetido hasta la saciedad mi artículo del 2011, “Danilo está atrapado”, en el cual en parte de sus párrafos dice: “Para Danilo Medina poder conformar un equipo ganancioso de la próxima convención tendrá primero que arrodillarse y “besar el anillo”. Tendrá que aceptar imposiciones (aunque lo niegue). Tendrá que dar mucha protección a los miembros de la “familia”. Tendrá que dejarles el manejo de los puntos claves de la economía política y lo que ellos entiendan que no han terminado dentro de su plan de acción”. Y Concluye: Medina está atrapado de muy mala manera entre la vorágine que despierta la ambición del poder y del otro lado la sumisión implícita para lograr el apoyo requerido. En ambos casos, aún resultara ganancioso de la convención y del gobierno, tendrá las de perder y de la misma manera todo un pueblo que ansía un verdadero cambio del estado de cosas.”

Dentro de ese juego político participa el empresariado y la Iglesia. Aprendieron que sin la protección del estado es muy difícil la sobrevivencia en cualquier parte del mundo. El juego se denomina el “doble secuestro”. Los empresarios tienen secuestrado el sistema político y el estado y los gobiernos secuestran a los empresarios, so pena de quebrar al más aguzado de ellos.
En el caso de las Iglesias sucede lo mismo, las concesiones más favorables no son las de la feligresía sino del estado y para ello sobran muestras y sobran botones. 
Pepín y Agripino no son culpables de participar en el mismo ya que son beneficiarios de los resultados finales que la participación del estado de cosas permite y no solamente sucede con este gobierno, con cualquiera que le suceda seguirá igual.

Por otro lado el empresariado dominicano ha tratado de desligarse de la financiación de las marchas verdes alegando que se han desnaturalizado y a nuestro humilde entender nada más incierto ya que las mismas son la válvula de escape de la tensión social y puente a través del cual ese mismo sector puede controlar aún más y dominar esa vorágine que cada cuatro años se presenta en nuestro país. Si logran sus objetivos de llevar a un verde a la primera magistratura se alzan con el “santo y la limosna”.

Con lo sucedido el día de hoy “todo está consumado y justificado”, es por ello que tenemos que arrodillarnos, darnos en el pecho y pedir perdón a todos los señalados como corruptos en nuestro país. Alicia Ortega, Nuria, Altagracia Salazar, Edith Febles, Huchi Lora, Ricardo Nieves,y otros que trabajan en la investigación periodística, deben hacer programas especiales desmitificando la idea de que hay corrupción en el quehacer político y empresarial. Estados Unidos, uno de los países más poderosos del planeta también nos ha justificado en ese sentido.

Conclusión: preparémonos para un tercer período o para la continuidad del partido gobernante con otro candidato ya que, como hemos visto, a la oposición también les gusta el jueguito. Mientras, yo seguiré en mi autoexilio pensando en que algún día las cosas puedan cambiar un poco y preocupándome del gran sacrificio y futuro incierto que representará para mis nietos lo que vivimos hoy día.